Nella (VIII Parte)
miércoles, septiembre 16, 2009 Posted In Amistad , Amor , Primer Amor , Recuerdos Edit This 1 Comment »Denisse depositó los libros sobre el mostrador para devolverlos, mientras Nella la miraba con una sonrisa suspendida. A veces ella le parecía tan admirable, tan inteligente… y por momentos, tan linda. De pronto, ahí pensativa, recordó las palabras de Marta y se atrevió a consultar la duda con su mejor amiga.
-Oye Deni… -susurró- ¿Tú sabes quién es Safo?
-¿Safo? –la miró por encima de sus lentes- ¿Esa no es la poetisa griega?
-Ah… -y sintió un pequeño alivio-. ¿Era una poetisa?
-Sí… Una poetisa que según y que era lesbiana… -Nella se quedó de piedra y en aquél momento su amiga reparó en el empleado de la biblioteca que comenzaba a sellarle los recibos para formalizar la entrega de los libros prestados. Luego de unos segundos Denisse retomó la conversación: ¿Por qué?
-¿Por qué qué? –la cabeza de Nella estaba en estado de vértigo.
-¿Por qué me preguntas por Safo?
-¡Por nada! ¡Por nada! –añadió nerviosa y tratando de que su tono sonara ligero- ¿Nos vamos?
Denisse asintió extrañada y abandonaron la universidad. Durante todo el camino, Nella se había mostrado callada y un poco recelosa.
Cuando llegó a casa, su mamá estaba en la cocina, lavando los platos de la cena.
-Hola… -dijo distraída y prefirió seguir sin escalas hasta su cuarto.
Se encerró en su habitación y se dejó caer sobre su cama. Un millón de cosas se le vinieron entonces a la cabeza. “Safo y su musa”. Safo, la poetisa griega y su musa. Safo, la poetisa griega que era lesbiana y su musa. ¿Lesbiana ella? ¡No! Gritó mentalmente. Pero si ella no era lesbiana, pero si Denisse y ella sólo tenían una hermosa amistad en la cual podían hablar de cualquier cosa; pero si ellas sólo sentían un cariño y un amor especial que las había unido y por el cual eran felices de haberse encontrado la una a la otra.
La puerta del cuarto sonó. Nella se enjugó las lágrimas que habían empezado a correrle por las mejillas y su mamá asomó la cabeza con un gesto de obstinación.
-La mujercita esa te está llamando… -masculló-. Y acabas de llegar de la universidad, qué enfermedad mijita… ¡Qué enfermedad!
-Mamá… -trató de justificarse pero las palabras no le salieron.
-Anda y atiende el teléfono antes de que me arrepienta y le cuelgue la llamada a la marica esa…
Nella se quedó de piedra. Su madre había sido tan despectiva al emplear aquéllas palabras que la había dejado desconcertada.
-Mamá –tragó saliva tratando de argumentar-, Denisse no es ninguna…
-¡Una marica! –enfatizó-. ¡Sí, por supuesto que sí! Y a ti parece que también te gusta el jueguito… pero te voy a decir una cosa… -la miró fijamente, como desnudándola con la mirada-. Yo prefiero tener una hija puta y no una hija marica, ¿me entiendes? Así que ni creas que yo voy a aceptar esa vaina en esta casa. ¡Ni lo pienses!
Nella no articuló palabra. Se quedó suspendida en medio de la nada y sin entender por qué un huracán como aquél la azotaba.



