Mudanza

jueves, agosto 04, 2011 Edit This 0 Comments »
He empacado mis historias y he decidido llevarlas a otro lugar, no muy lejos de aquí... Desde ahora, Rozando Labios se convierte en un lugar más nuestro: tuyo, mío y de todos aquellos que quieran acercarse conmigo al universo de estas maravillosas mujeres...

Te invito a que me visites en www.rozandolabios.com... Allá nos esperan nuevas historias y nuevas sorpresas...

¡Gracias a todas y a todos!

Camila (II Parte)

martes, julio 26, 2011 Edit This 0 Comments »

Él la abrazó por la espalda mientras colaba un poco de café. El frío de la mañana la había obligado a levantarse de la cama, porque las tres cobijas que tenía en la cabaña no eran suficientes para atenuar su falta de calor… seguramente porque sentía que la ausencia venía de dentro, no de fuera. Víctor se puso querendón y Camila se dejó querer, dejó que besara su cuello, que le susurrara cosas, que mordiera sus orejas y que acariciara su abdomen y sus senos. Giró en redondo, se colgó del cuello de su novio y lo besó apasionadamente. Él se apartó un poco, le puso cara de muchacho grande consentido y la miró fijamente con ojos suplicantes:

-¿Sabes qué quiero?

-¿Qué? –susurró ella con un brillo suspicaz en la mirada, dispuesta a complacer cualquier antojo del hombre que la tenía ahí, acorralada en la cocinita, haciéndola sentir toda la presión de su cuerpo y de su sexo sobre ella.

-Quiero que me complazcas en algo…

-¿Qué quieres? –y por su cabeza comenzaron a pasar miles de posibilidades acerca de cómo satisfacer a su hombre en la cama, para quitarle el antojo.

-Quiero que hagamos un trío… -y la besó en el cuello antes de tener que ver la cara que ella ponía.

-¿Cómo? –dijo por lo bajo, mientras sentía la lengua de él subiendo hasta su oreja.

-Eso mami… Que quiero que hagamos un trío… ¿Me vas a complacer? –ya hablaba con voz muy ronca, en la pata de la oreja.

Camila cerró los ojos, sintiendo cómo un cosquilleo la envolvía desde su vientre hasta su cabeza, pero luchó con la frase aquella de “no aguanta un te quiero en el oído” y trató de mantener dos segundos más la cordura.

-Pero… ¿Un trío cómo?

-Un trío mami… Una tipa, tú y yo…

Se miraron fijamente y Camila empezó a sentir cómo el deseo se le iba enfriando en el cuerpo, seguro era una corriente helada que se colaba por alguna parte. Víctor le sonrió y la miró con ojitos suplicantes y ella comenzaba a sentirse como una monja del siglo XIX, porque no entendía la propuesta de su novio, es decir: ¿ella solita, en la cama, no era suficiente para complacerlo? ¿Por qué otra mujer? Y en ese caso, ¿de qué mujer estaban hablando? ¿De una ex? ¿De una desconocida? Y… ¿Por qué carajo otra mujer tenía que venir a manosearle a su novio y aún más, con su consentimiento? Se lo quitó de encima y caminó hacia el otro extremo de la cabaña.

-No entiendo… -dijo cruzándose de brazos y tratando de sonreír, era obvio que la había agarrado fuera de base.

-¿Qué no entiendes? –replicó con fastidio.

-Eso del trío… O sea… -comenzaba a ponerse nerviosa-. ¿Por qué vienes y me dices eso así, de repente? ¿Es que ya no te sientes satisfecho conmigo? ¿Es eso?

-No chica… -dijo y chasqueó los dientes.

-¿Seguro? Porque… ¿Para qué necesitas tener a dos mujeres en la misma cama?

-Ya te estás yendo por otro lado Camila…

-¡No! –gritó sin darse cuenta-. ¡No me estoy yendo para ninguna parte! Estoy aquí Víctor… Y no entiendo por qué justo ahora vienes y me pides esto…

-Coño Camila… -ella siguió como si no lo hubiese escuchado.

-Vinimos para acá, nos dimos este fin de semana para retomar la relación y ahora tú me sales con esto…

-Ay no te pongas histérica Camila…

-¡No estoy histérica! –gritó y se le quebró la voz en el último resuello.

-¡De bolas que sí! Además, no te estoy pidiendo una vaina del otro mundo… Jorge lo hizo y la pasó del carajo… Ricardo también y me dijo que había sido lo máximo… ¿Entonces? ¿Cuál es tu peo Camila? ¿Dime cuál es tu peo?

-¿Cuál es mi peo? –su voz temblaba y una lágrima le corrió por la mejilla.

-¡Sí! ¿Cuál es tu peo? Es más chica… Si no estás dispuesta a echarle bolas me lo dices y me consigo dos putas y se acabó esta vaina… Eso sí, a mí no me ves más…

Víctor caminó hacia la habitación, dejó a Camila plantada en medio de la salita acogedora y se encerró de un portazo. El café seguía goteando de la bolsa, esta vez helado, muy helado.

Camila (I Parte)

viernes, mayo 06, 2011 Edit This 2 Comments »


“Al amor propio se le hiere; no se le mata”

Henry de Montherlant


Miraba el techo mientras jugueteaba con sus dedos y el sesgo de la sábana. Volvió la mirada hacia el lado izquierdo de la cama y ahí estaba Víctor: desnudo, tendido boca abajo y dormido. Suspiró y extendió cuidadosamente su brazo, con el revés de su mano y de sus dedos comenzó a acariciar la espalda de su novio y esbozó una leve sonrisa. Observó su cuerpo con ojos enamorados y se mantuvo así durante algunos minutos, volvió a suspirar, pero esta vez no supo por qué sentía esa opresión en el pecho, esas ganas inmensas de llorar, ese huequito en la panza que no la dejaba rendirse, como lo había hecho él hacía ya más de veinte minutos, al cansancio producto del placer sexual. Dejó de acariciarlo y se apretó los ojos con la punta de los dedos, como para exprimir las lágrimas y quitarse esa sensación de llanto, se levantó de la cama y se dirigió al baño, donde tomó una ducha caliente; por fin lloró.

Paola (V Parte)

viernes, abril 29, 2011 Edit This 0 Comments »

Pasaron los meses y luego de días de ausencia, la chica de Argentina volvió a aparecer en la ventana de su chat con un nick muy inspirado, que transmitía romanticismo y esperanza. Victoria sonrió, emocionada y radiante y se atrevió a abrir sin titubeos una conversación:

Victoria dice:¡Caramba! ¿Y ese nick? ¿No me digas que me tienes una buena noticia? ¿No me digas que una argentina te robó el corazón y que estás otra vez enamorada?

Paola dice:Je je je… No, no… Una argentina no fue…

Victoria dice:¿Y entonces? ¿Quién es la afortunada?

Paola dice:¿Recordás que antes de conocer a tu paisana conocía a una chica que vivía en España?

Victoria dice:Ajá… ¿Qué pasó?

Paola dice:Bueno, que ella y yo nos volvimos a encontrar y bueno, las cosas se están dando…

Victoria dice:Pero… ¿Estás en España? ¿Ella fue a Argentina? ¿Cómo es la cosa?

Paola dice:No, no… En el chat… Nos encontramos en el Chat…

Victoria dice:Ay Paola… Paola, Paola…

Paola dice:Decime…

Victoria dice:No nada… Yo no tengo nada qué decirte… Sólo me sorprende que no hayas aprendido nada de lo que te pasó con la venezolana…

Paola dice:Sí he aprendido… Aunque no lo creas tengo los pies en la tierra…

Victoria dice:Ta’ bien… (aunque eso no se lo podía creer nadie)

Paola dice:Además, te tengo otra noticia… ¡Me caso!

Victoria dice:En el Chat, supongo… Qué bueno… Afortunadamente ya no entro a ese lugar y por desgracia no podré asistir a tu boda…

Paola dice:Entonces… ¿No te mando la invitación?

Victoria dice:Mándame la invitación a la boda verdadera… A la real… A esa sí valdrá la pena ir…

Y cerrando la ventana de conversación, consciente de lo dura que había sido, comprendió que ya había tenido suficiente de la realidad alusiva de Paola y del poder descabellado de su alienación.

Salió, se despejó un poco y decidió no volver a tocar la computadora en un buen tiempo. Sentada en la barra de aquél local, con una música estridente abrumando sus sentidos y una mujer coqueteándole desde el otro lado de la habitación, Victoria miraba a su alrededor alerta, expectante, preguntándose a cuál de aquéllas chicas que la observaban con curiosidad, le contaría esa noche de “La Loca del Chat”.

Paola (IV Parte)

viernes, abril 22, 2011 Edit This 1 Comment »

Paola dice:¿Estás?

Paola dice:Holaaaa…

Paola dice:Bueno… Veo que te fuiste o tuviste problemas con la conexión… Cuídate, un besito… Fue un placer hablar con vos, como siempre…

Victoria dice:No, no, aquí estoy… Disculpa, tenía una llamada… Eh… Entonces… ¿Se casaron por el Chat? Pero nunca me dijiste nada de esto, es decir, por la forma en que hablabas, creí que de verdad la conocías, que habías estado a su lado, que habían tenido una relación…

Paola dice:Tuvimos una relación…

Victoria arrugó el entrecejo y resopló indignada. “Eso, no es una relación” Pensó.

Paola dice:Yo no necesito tener a la persona al lado para saber que existe… Es decir, todas esas cosas re lindas las escribía alguien de verdad, alguien que yo quería…

Victoria dice:Alguien que en tu vida has visto… Alguien que no sabes si te envía fotos falsas, datos falsos y que juega con tus sentimientos…

Paola dice:Yo hablé con ella por teléfono y la vi por cam… Sé que ella existe…

Victoria dice:Pero no es lo mismo… No es lo mismo acariciar, besar, sentir… VIVIR a esa persona…

Paola dice:Es verdad, no la acaricié con las manos, pero sí con las palabras… Y sé que esos sentimientos son verdaderos, que ella existe y que ella me quiso…

Victoria suspiró. No se creía todo aquello, no podía entender semejante conducta, semejante disociación de la realidad.

Victoria dice:Y si la cosa es así… ¿Cómo pretendes que te va a dar la cara? ¿Cómo crees que te va a decir, mirándote a los ojos que no te quiere, que nunca te quiso..? ¿Cómo?

Paola dice:Porque voy a ir a Caracas y la voy a buscar… Por eso…

Victoria dice:Comprendo… Aunque eso no tiene sentido… Te hará daño, Paola… Te hará mucho daño…

Consciente de la pseudo locura de su amiga, Victoria sólo tenía dos opciones: eliminarla de su grupo de contactos o apoyarla en su fantasía, en su despecho construido con palabras y con una ausencia al otro lado de la computadora. Optó por lo segundo y se prometió ser respetuosa, pero objetiva y razonable, con el problema de Paola.

Paola (III Parte)

sábado, abril 09, 2011 Edit This 1 Comment »

Una noche, como tantas otras, Victoria hacía conclusiones y aconsejaba a Paola acerca de su realidad, tratando de animarla a seguir y olvidar:

Victoria dice:Yo no puedo creer que esa mujer te haya hecho eso…

Paola dice:Yo tampoco, pero no pierdo la esperanza de tenerla en frente, porque quiero que me mire a los ojos y me diga así, en mi cara, todas las cosas que me dijo en ese mail…

Victoria dice:Y por mail… Ni siquiera fue capaz de ir hasta tu casa, darte la cara, citarte en algún sitio… ¿Qué le pasa hoy en día a las mujeres?

Paola dice:No lo sé… No lo sé…

Victoria dice:Uhmm… ¿Y ella vive en tu ciudad? ¿Te la has encontrado desde que terminaron? Porque verla debe ser una tortura…

Paola dice:No… Ella vive en Caracas, como vos…

Victoria dice:¿En Caracas? ¿Y eso? ¿Se mudó después de casarse o algo así?

Paola dice:No… Ella siempre ha vivido en Caracas… Bueno, algunas veces viaja a San Cristóbal, por asuntos de trabajo, pero creo que ahora está allá, en tu ciudad…

Victoria dice:Pero… No entiendo… ¿Tú antes vivías en Venezuela?

Paola dice:No, nunca he salido de Argentina…

Victoria dice:…. Entonces… Si tú nunca has salido de Argentina y ella vive en mi ciudad… ¿Cómo se conocieron?

Paola dice:En el Chat…

Victoria dice:Ah claro… el Chat… Y… ¿Ella viajó a Buenos Aires y se conocieron o tú viniste a Caracas? No entiendo nada…

Paola dice:No, no… Todo fue por Chat… Hablamos y eso por chat, yo tenía su teléfono y algunas veces la llamé y hablé con ella y escuchaba su voz que es re linda, pero… Todo fue por Chat…

Victoria tuvo cinco segundos de contemplación y de pronto sintió como la telenovela de las tres empezaba a deformarse en su cabeza. Frunció el ceño y le pareció que la chica le tomaba el pelo.

Paola dice:¿Estás?

Victoria dice:Sí… Sí… Estoy… Y… Ella se casó aquí en Caracas… Supongo…

Paola dice:No…

Victoria dice:¿No? ¿No está casada? Me dijiste que se había casado con un chileno, que tú lo odiabas, que cómo cambiaba a una mujer por un hombre y encima chileno…

Paola dice:Sí, sí… Te dije todo eso… Ellos se casaron en el Chat…

Victoria se levantó de un salto de la silla. Fue, tomó un poco de agua y casi tuvo la intención de vaciarse el vaso en la cara, para despertar del espejismo que estaba viviendo. “¿Cómo demonios un hombre y una mujer se casan por un Chat?” Esa era una pregunta interesante que sabía que tarde o temprano se respondería, pero lo más interesante aún (y escalofriante, por demás) es cómo una mujer cae en un estado de depresión semejante por una persona que en su vida ha visto, sentido y tocado y que además le deja por otro hombre, que es también un fantasma del Internet y con el cual lleva a cabo una boda nula, fantástica y ficticia. Victoria supo que si escribía un diario de todo aquello, de seguro iría a parar a un sanatorio.

Paola (II Parte)

viernes, marzo 25, 2011 Edit This 2 Comments »

La primera vez que habló con Paola, fue a través de un Chat. Su pseudónimo era Miss_Choco_72 y parecía circunspecta, comedida y sumamente reservada en sus comentarios y apreciaciones. Victoria, disfrutaba sus charlas con aquélla mujer y veía por fin que el fruto de su esfuerzo obtenía resultados: desahogarse.

Con frecuencia cada vez mayor, Paola le contaba a Victoria de su última decepción amorosa y ella, que había pasado por 3 rompimientos, la entendía a la perfección y la aconsejaba al tiempo que se ponía en su lugar. Al cabo de unas semanas, la ventana del Chat se transformó en una de Messenger y fue entonces cuando ambas conocieron sus nombres y sus rostros, a través del avatar.

Se hicieron amigas y por momentos Victoria lamentaba que la chica estuviera en Argentina, porque se le habría hecho más sabroso disfrutar de aquéllas conversas con un café por delante, pero como a falta de pan, buenas son tortas, no se puso muy exigente y tomó todo lo que podía de la relación.

Fue así como se enteró que una mujer (paisana suya, por cierto) había dejado a Paola por un hombre (un chileno cuya nacionalidad había sido acotada varias veces con ira), sin darle mayores explicaciones y rompiéndole el corazón. Ella le explicó que Elizabeth (pues así se llamaba su amada), le había pedido que no dejara de ser su amiga, que no la abandonara, y Paola, sumida en el amor que no conoce condiciones y que a veces nos pone un cartel de “Tontos” en la frente, había hecho el sacrificio, aunque aquello le produjera un dolor profundo.

Victoria casi lloraba, como quien ve la novela de las tres de la tarde, con el drama de Paola y no podía creerse que una mujer fuese capaz de semejante cobardía, de semejante egoísmo. Más de una vez recreó en su mente la escena de la boda: Elizabeth, uniéndose en santo matrimonio a un hombre, mientras atrás, entre las sillas, se encontraba la chica que había sido su amante durante casi un año y que tenía el corazón hecho pedazos gracias a ella. No podía concebir el sufrimiento de su amiga, su dolor, su desconsuelo, su desamor, y más de una vez quiso abrazarla para consolarla en su pena; más de una vez, hasta que Paola decidió confesar un detalle que se había reservado durante todo ese tiempo.